viernes, 10 de diciembre de 2010

Artemio de Valle Arizpe-La conversación en México (final).

Don VSA era por de fuera "bien proporcionado e membrudo", en frase antigua de Bernal Díaz del Castillo, derramado de carnes, con su gordura llenaba un ancho sillón de prior. La cabeza suya era grande, de fuertes y acusadas facciones; se le iba atràs la frente; los ojos, ristoteros, que en riéndose de él "se reían todos" y mostraban alegria, y por otra parte muy graves cuando querían mostrar en el rostro la gravedad"; las mejillas siempre azuladas por la diaria rasura; la boca, me gruesos labios carnosos, medio oculta por el bigote y la barba con su nieve segura; canas había también en las sienes.

...Recordaba su enhiesta figura ciertos retratos de Antonio Moro o algunos otros de burgueses o entonados burgomaestres, en que los pintores flamencos recrearon la agilidad de si nimio pincel. Atildado y pulcro era su vestir, remirábase en sus corbatas, tomaba gran gusto en gozarlas, y quería, comoien los libros, tener una para cada día.

Así era  de por fuera, y por de dentro un gran corazón. Bondad innata, alegría constante, ininterrumpida. El entusiasmo, el frescor, la delicadeza, llenaban sus palabras. Pasó por debajo de recios dolores, cargaron sobre él inmensas penas, tuvo las flaquezas y lacerías comunes a nuestro pobre barrio mortal,  siempre mostró buen talante, rostro amigable. 

Gentes que no lo habían visto nunca, después de charlar con él tan sólo unos momentos, lo miraban ya como si de toda la vida lo hubieran tratado con familiaridad constante, así era de abierto y de bueno, sin esos escondrijos, ostugos y recovecos, en que se ocultan las falsías. Y su risa, su caudoloso y sonoro reír, denunciaba la franca salud de su espíritu. Siempre tenía la carcajada pronta, se despedazaba casi de risa, reaía a castillo quitado, según la expresión de Juan VArela, en cuyos libros tomó la pauta de su estilo y de su hablar elegante.

¡El estilo de Salado Alvarez! Fácil, suelto, flexible. Con la pluma fue diestro y primoroso; pulía y hermoseaba con adornos que dicen colores retóricos. Era de los intelectuales más limpios, coherentes y lógicos que ha habido en nuestra tierra. Comprensor de todo y sereno atisbador de lo más raro y curioso. Alto maestro no solo en el bien decir, sino que, al igual que don Joaquín García Icazbalceta, fue maestro de toda erudición mexicana, según afirmó de este don Marcelino Menéndez y Pelayo, muy justamente. Polígrafo raro y ejemplar que todo escribía con gran conocimiento, con sensatez y cordura. Daba siempre don VSA la sensación aguda de las cosas, sabíales encontrar matices, y ponía en sus escritos una ironía castiza, ligera, un poquitín desdeñoasa, caústica un tantito. Y así su prosa era como era, llena de limpidez, viva, enérgica, real, plástica y pintoresca. Con palabras comunes se formó un estilo nada común.Todo había en él, donaire, bizarría, alteza de pensamientos, y sobre todas esas excelencias que no son pocas, claridad, mucha claridad, por eso abominaba de los almidonados y sotiles, de los de "la nueva trova polida", que dicen que dijo Juan de Mena.

...Para Lope, la cultura, con relación al arte literario, es la claridad y la suprema maestría técnica. Cosas ambas tenía don Victoriano, además de la pureza del concepto y de su variada elegancia en giros numerosos. Era preciso y conciso, nada de inútiles amplificaciones, ni de rellenos. 

...Para amenizarlas disponía de preciosidades este hombre de elección, de todo lo que vio y oyó en sus luengos viajes, pues como el infante don Enrique corrió las siete partidas del mundo; poseía abundantes lecturas que le proporcionaban citas oportunas; tenía colección rica de bellas quisicosas, de anécdotas, de versos epigramáticos, y soltaba oportunos adagios, viejos refranes españoles, cazurros dichos de nuestra tierra. Juagaba lidamente del vocablo, le torcía el sentido y lo violentaba con equívocos. Con todos estos elementos le daba brillo y realce al suceso que refería, así fuese de lo más simple, y sus oyentes tenían deleite y felicidad.

Toda la vida estuvo don Victoriano absorto en una honda y noble labor intelectual, siempre ocupado en los libros. Cuántas veces con uno en la mano se le iba la noche, le negaba los ojos al sueño, y muchas ocasiones así vio nacer al alba, y, a pesar de eso, al día siguiente se hallaba sin ningún quebranto este hombre fuerte, con esa fortaleza callada que poseía Taine. Gastó su tiempo en los estudios de las letras, apacentando provechosamente el ánimo en esas tareas. Trabajó reciamente y con fe. Inclinóse sobre las blancas y voraces cuartillas durante años y años, durante lustros y lustros, y apesar de esa constante y tenaz labor diaria, no sintió nunca en su cerebro el peso de "diez torres" que el maestro Luis Viveas le contaba a su amigo Erasmo que tenía encima. Y así, en pleno vigor, le llegó la muerte cuando nadie creía...Noble y gran lección, alto ejemplo nos ha legado don VSA: trabajar. Sin tregua fue el suyo; cuartillas y más cuartillas;  y los días y los años pasaban, pasaban, y el lápiz en la mano sacaba a luz sus estudios, siempre pegado a la labor hasta que no llegó al puerto de la eterna quietud. Grave y honda lección: trabajo y bondad. A trabajar, pues. Todavía hay sol en las bardas, pero ya se viene encima, la gran noche, y hay que aprovechar lo que queda de tarde.





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