La princesa peinaba sus cabellos,
peinaba sus cabellos de oro fino,
distraída, mirando vagamente,
a través de una ojiva del castillo,
la sementera en fruto,
el polvoso camino
por donde transitaban los gitanos
o, mascullando rezos, los mendigos,
o, cubiertos de conchas y de tierra,
los peregrinos,
los barbudos romeros que de Italia
tornaban bajo el rudo sol de estío,
o bien el ahorcado
de ayer, que de una almena del vecino
atalaya mohoso,
pendiendo está, gesticulante y rígido,
proyectando en el muro su sombra,
absurdo y ridículo.
La princesa peinaba sus cabellos;
con la siniestra, asíalos,
oblicuando el haz rubio
hacia el rostro bellísimo,
y en la diestra tenía el viejo peine,
gran peine de marfil, pálido y liso.
La princesa peinaba distraída,
peinaba sus cabellos de oro fino,
pensando: "¡Si viniera
el juglar de encarnado juboncillo,
de calzas verdes, caperuza negra
y sonoro laúd...!"
En el camino seguían transitando los gitanos
de obscuro rostro antiguo
y en los hierros del puente,
del puente levadizo,
y en los sillares,
y entre los riscos,
palpitaban con vaivenes espasmódicos
y sumidas en sus éxtasis fákiricos
lagartijas pintadas de oro verde,
semejando pigmeos cocodrilos.
La princesa peinaba sus cabellos,
peinaba sus cabellos de oro fino...
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Alfonso Reyes-Fragmento de "Visión de Anáhuac".
Lo nuestro, lo de Anáhuac, es cosa mejor y más tónica. La visión mas propia de nuestra naturaleza está en las regiones de la mesa central; allí la vegetación arisca y heráldica, el paisaje organizado, la atmósfera de extremada nitidez, en que los colores mismos se ahogan compensando la armonía general del dibujo; el eter luminoso en que se adelantan las cosas con un resalto individual.
Mariano Silva y Aceves-Prosas varias.
El padre río.
La corriente trémula y fría, rodeó mi cintura. De una margen a la opuesta el inmenso caudal de las aguas se veía pasar y yo era tan insignificante y tan medroso que no me atervía a soportar el abrazo vigoroso del grueso cauce. A lo lejos se extendía la amplia superficie llena de brillos de sol y de reflejos de sauces. Del fondo se exhalaba una frescura incitante que hacia dilatar las ventanas de mi nariz, y arriba, en las altas rama de los sauces, se mecían unos pájaros chillones.
Hacia abajo del puente.
Las rizadas ondas del río pasaban sin cesar arrastrando grandes manchas blancas de espuma o jugueteando en romanso antes de entrar por las bocas anchas de los arcos. A trechos las grandes pilastras de oscura cantería se hundían en el agua afirmando su inmovilidad al abrir la corriente movediza con el filo de sus aristas pronunciadas. En la superficie de las aguas se veía danzar suavemente la imagen de las esbeltas almenas cubiertas de enredaderas que se alzaban en las extremidades del puente, reflejadas en el río.
José Rosas Moreno-El diamante.
Triste, opaco sin brillar
un diamante no pulido,
encontrábase perdido
en el valle del Palmar.
Viole un joyero al pasar
y a su taller le llevó;
cuidadoso le labró
y hermoso entonces, luciente,
magnífico y esplendente,
la luz del sol reflejó.
Así el hombre no educado
cual piedra desconocida,
suele encontrarse en la vida
triste, sin luz, despreciado;
Mas si a estudiar consagrado,
busca el saber con anhelo,
tórnase en dicha su duelo;
La educación lo embellece,
y en su alma que resplandece
refleja el azul del cielo.
*José Rosas Moreno, nacido en Lagos de Moreno, Jalisco (1838-1883). Su vida fue humilde y modesta como su obra. Todo bondad y sencillez, estuvo destinado a ser el poeta de los niños. Se le considera el mejor fabulista -a decir de Altamirano- y son sus apólogos lo mejor y más conocido de su obra poética.
Tomado del libro de lectura de María Edmée Álvarez.
un diamante no pulido,
encontrábase perdido
en el valle del Palmar.
Viole un joyero al pasar
y a su taller le llevó;
cuidadoso le labró
y hermoso entonces, luciente,
magnífico y esplendente,
la luz del sol reflejó.
Así el hombre no educado
cual piedra desconocida,
suele encontrarse en la vida
triste, sin luz, despreciado;
Mas si a estudiar consagrado,
busca el saber con anhelo,
tórnase en dicha su duelo;
La educación lo embellece,
y en su alma que resplandece
refleja el azul del cielo.
*José Rosas Moreno, nacido en Lagos de Moreno, Jalisco (1838-1883). Su vida fue humilde y modesta como su obra. Todo bondad y sencillez, estuvo destinado a ser el poeta de los niños. Se le considera el mejor fabulista -a decir de Altamirano- y son sus apólogos lo mejor y más conocido de su obra poética.
Tomado del libro de lectura de María Edmée Álvarez.
María Edmée Álvarez-Prefacio al libro: "La lengua española a través de selectos autores mexicanos".
Mi experiencia en la enseñanza de la Lengua y Literatura Españolas, me ha permitido comprobar, que el medio más eficaz para poner estos conocimientos al alcance de las mentes juveniles es despertar por ellos el interés y convertir su estudio en algo vivo, partiendo siempre de la observación directa del lenguaje hablado o escrito. No es el estudio árido de reglas abstractas el que llevará al educando a expresarse con claridad y corrección, principal fin de sus estudios, sino la práctica constante de la lectura de los buenos autores. Ya lo dijo el ilustre filólogo don Raimundo Sánchez: "Se aprende a hablar oyendo a los que hablan bien y se llega a saber escribir, escribiendo y leyendo lo que escriben, los que lo hacen bien".
Nace este libro, con el vehemente deseo de ser útil; de interesar al alumno por las buenas lecturas y por los estudios del idioma para llegar al aprendizaje más necesario: el conocimiento de la lengua patria.
...Se han proscrito las lecturas sentimentales porque encuentro preferible fomentar en nuestra juventud estudiosa virtudes positivas: optimismo, tenacidad en la acción, fe en la vida, confianza en sí mismo, que cultivar la melancolía y la amargura que se dicen peculiares de nuestra raza, pero que dañan al carácter y merman la voluntad. Se ha atendido, además, a que de toda lectura se desprenda algún conocimiento relacionado con las diversas asignaturas que son objeto de estudio, así como principios que contribuyan a la educación moral, social y artística, al cultivar en los educandos los sentimientos más nobles, el anhelo de la belleza y bodad que de las selecciones presentadas puedan derivarse.
...La memoria, de la que tanto malo se oye decir, debe, en mi opinión, cultivarse adecuadamente. El libro contiene trozos que propuestos al alumno para memorizar, además de proporcionarle un delicado goce espiritual, le fomentarán el agrado de usar una facultad tan desdeñada, por lo común, en nuestros días.
José Vasconcelos sobre Lucas Alamán...
¡Alamán! ¡Si algún día México empezara a existir qué alto pondría tu nombre! Nadie ha sufrido con más conciencia las viscisitudes de nuestro destino. Y él es la mejor prueba de que no han faltado a México guías ni cerebros de primera capacidad, intenciones puras y valentía de carácter. Lo que pasa es que todo lo ahoga...el grito caníbal...la insolencia del cuartel que, a la postre, se rinde al pequeño banquero y al predicador protestante, los agentes del procónsul establecido como embajador de imperio que ha remplazado a España en el mando.
¡Pues tal es el destino de los pueblos que ignoran, calumnian, dan la espalda a sus profetas!
José Vasconcelos-Libros que leo sentado y libros que leo de pie (fragmento).
Para distinguir los libros, hace tiempo que tengo en uso una clasificación que responde a las emociones que me causan. Los divido en libros que leo sentado y libros que leo de pie. Los primeros pueden ser amenos, instructivos, bellos, ilustres, o simplemente necios y aburridos; pero, en todo caso, incapaces de arrancarnos de la actitud normal. En cambio los hay que, apenas comenzados, nos hace levantar, como si de la tierra sacasen una fuerza que nos empuja los talones y nos obliga a esforzarnos como para subir. En éstos no leemos: declamamos, alzamos, subimos el ademán y la figura, sufrimos una verdadera transfiguración. Ejemplos de este género son: la tragedia griega, Platón, la filosofía indostánica, los Evangelios, Dante, Espinosa, Kant, Schopenhahuer, la música de Beethoven, y otros, si más modestos, no menos raros.
Al género apacible de lo que se lee sin sobresalto pertenecen todos los demás, innumerables, donde hallamos enseñanza, deleite, gracia, pero no el palpitar de conciencia que nos levanta como si sintiésemos revelado un nuevo aspecto de la creación; un nuevo aspecto que nos incita a movernos para llegar a contemplarlo entero.
Por lo demás, escribir libros es un triste consuelo de la no adaptación a la vida. Pensar es la más intensa y fecunda función de la vida; pero bajar del pensamiento a la tarea dudosa de escribirlo mengua el orgullo y denota insuficiencia espiritual, denota desconfianza de que la idea no viva si no se le apunta; vanidad de autor y un poco de fraternal solicitud de caminante que, para beneficio de futuros viajeros, marca en el árido camino los puntos donde se ha encontrado el agua ideal, indispensable para proseguir la ruta. Un libro. como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía.
Si se pudiese ser hondo y optimista, nunca se escribirían libros. Hombres llenos de energía, libres y fértiles, no se dedicarían a remedar con letra muerta el valor inefable, el remoce perenne de una vida que absorbería todos los ímpetus y todos sus anhelos. Un libro noble siempre es fruto de desilusión y signo de protesta. El poeta no cambia sus visiones por sus versos y el héroe prefiere vivir pasiones y heroísmos, más bien que cantarlos, por más que pudiera hacerlo en tupidas y bravas páginas. Escriben, el que no puede obrar y el que no satisface con la obra. Cada libro dice, expresamente o entre líneas: ¡Nada es como debiera ser!
¡Ay del que toma la pluma y se pone a escribir, mientras afuera todo es potencial que atrae el humano impulso; cuando todo lo inconcluso reclama emoción que lo consume en pura y perfecta realidad!
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